miércoles, 6 de febrero de 2013

Tú serás santo


S. Pedro de la Rua, donde su padre era Sacristán


Beato Gregorio Escobar García

Las primeras vacaciones: El día 22 de junio de 1925 vino a casa. Las vacaciones las pasó en cuidarse de la Iglesia y de casa como si fuese un muchacho de servicio, descansando a su padre como sacristán; y a su madre. No se avergonzaba por nada ni por nadie, cogía la cesta y la lechera y a la compra. Así eran sus vacaciones los años que vino a casa. El único recreo que tenía era andar con la bici y le gustaba mucho.
         El cuarto año de vacaciones, las pasamos amargas, pues Gregorio se encontró con su querida madre enferma de gravedad. El se cuidaba de todo, a todos animaba a prepararnos para el día que Dios nos tenía asignado.
         Gregorio pasaba los días y las noches sentado a la cabecera de su madre, como si fuera ya sacerdote que la preparaba a su querida madre para la hora de la muerte.
         Llegó el día en que Dios la llamó. El día 8 de septiembre de 1928.
         ¡Con qué amo y con qué cariño hablaba a todos para la resignación! ¡Como un santo! por la muerte de su querida madre.
         Razón tenía el pobre anciano al que entregó la limosna en Villatuerta a los 5 años: “tú serás santo”.

Carta del padre de Gregorio Escobar

Carta textual recibida de su padre dando informes:

Claustro de San Pedro de la Rúa
        
RR. PP. Oblatos de María Inmaculada de Pozuelo de Alarcón (Madrid)

         Muy señores míos y de mi mayor aprecio.
         Habiendo recibido me hijo Francisco una carta, comunicando diese detalles de su hermano Gregorio, de su infancia para ser provechosos para la Comunidad y familia. He tenido el gusto y la satisfacción de detallar su vida tal y conforme la practicó bajo mis órdenes como padre. No tuve falta de imponerme para nada con Gregorio sabía bien su obligación como hijo, como católico y como Religioso. Para mí que tenía algún don de Dios. Tengo que decirles a Uds. que siento mucho, muchísimo, no se dirigieran a mi como padre.
         Nunca he olvidado a los Oblatos de María Inmaculada.
         Por Estella pasaron varios PP. o Religiosos que llevan un santo Xto y me arrimé a ellos por saludarlos pero son otros Religiosos. No teniendo más que comunicarles me despido de Uds. que así les desea su s. servidor q. b. s. m.
                                               Hilario Escobar.

P.D. Las tías monjitas me aconsejan les mande las cartas que poseo como una reliquia de mi querido hijo Gregorio.
Uds. las pueden copiar, me las devuelven; otras que yo tengo el gusto de cuidarlas como si fuesen de mi hijo Gregorio.
También sus tías monjitas las guardan, como Uds. pueden ver.
Según mi hijo Francisco, ese Hno. Angel Arnáez, que escribió, es de Abárzuza (Navarra).
                            Sin más adiós.


         Notas que el padre del P. Escobar nos da de su hijo:

 Gregorio Escobar y García, nació en Estella (Navarra) en la Rúa Nº 14, el día 9 de mayo de 1912, Parroquia San Pedro. La Rua Mayor de Estella.
         Siendo Párroco D. Felipe Elguezábal, hoy canónigo y Mata Mayor de este Obispado.
         A la de tres años le llevaron las abuelas a Villatuerta (Navarra). Donde pasó en compañía de los abuelos, hasta la edad de 6 años. En Villatuerta, se dedicó como un chico bueno en bajarles a los pobres las limosnas muy contento.
         Cuando el abuelo, le preguntaba ¿Tú que has de ser? ¡Obispo! Siempre la misma contestación. Un día llamó un pobre anciano; al entregarle la limosna, el anciano le dijo: “tu serás santo”.
         Al oír esto, Gregorio corrió a contarlo al abuelo saltando de contento.
         A los 7 años entró en la escuela de Párvulos que dirigen las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Estella.
         Para los 8 años ya sabía ayudar a Misa. Las Hermanas de Santa Ana al ver sus cualidades y su bondad lo destinaron para Acólito. Le daban tres pesetas al mes, al desayuno y, a veces, a comer, de contentas que las Hermanas estaban con él.
         No tenía amigos, sus amigos eran los libros y sus hermanos. También fue acólito de la Parroquia de San Juan Bautista en Estella.
         Para la edad de once años estábamos de Sacristanes de la Parroquia de San Pedro. La Rúa Mayor de Estella.
         Hasta la edad de los doce años cumplidos. El se encargaba de preparar la ropa para la Santa Misa y de ayudar, y ayudar a su difunta madre, a barrer y limpiar la Iglesia.
         De mayor, en la escuela de Párvulas del Colegio de Santa Ana pasó a los Señores Maestros. Ya en la escuela de mayores pasó por Estella en julio a agosto del 1935, un P. Oblato de María Inmaculada el cual lo apuntó para religioso. El día doce de setiembre de 1924 a la 1 ½  de la tarde lo entregué en el convento de Urnieta (Guipúzcoa).
         Las primeras vacaciones: El día 22 de junio de 1925 vino a casa. Las vacaciones las pasó en cuidarse de la Iglesia y de casa como si fuese un muchacho de servicio, descansando a su padre como sacristán; y a su madre. No se avergonzaba por nada ni por nadie, cogía la cesta y la lechera y a la compra. Así eran sus vacaciones los años que vino a casa. El único recreo que tenía era andar con la bici y le gustaba mucho.
         El cuarto año de vacaciones, las pasamos amargas, pues Gregorio se encontró con su querida madre enferma de gravedad. El se cuidaba de todo, a todos animaba a prepararnos para el día que Dios nos tenía asignado.
         Gregorio pasaba los días y las noches sentado a la cabecera de su madre, como si fuera ya sacerdote que la preparaba a su querida madre para la hora de la muerte.
         Llegó el día en que Dios la llamó. El día 8 de septiembre de 1928.
         ¡Con qué amo y con qué cariño hablaba a todos para la resignación! ¡Como un santo! por la muerte de su querida madre.
         Razón tenía el pobre anciano al que entregó la limosna en Villatuerta a los 5 años: “tú serás santo”.
         De aquí pasó al convento del Noviciado de Las Arenas (Bilbao). A continuación a Pozuelo de Alarcón (Madrid).

EL SERVICIO MILITAR.
         Le toca en Pamplona (Provincia de Navarra) durante trece meses. Todos los días, iba a la Santa Misa a la Parroquia de San Agustín, comulgaba y  ayudaba a la Santa Misa. Varios días le tocaba ayudar a D. Felipe Elguezabal, Canónigo y Notario Mayor del Obispado.
         Venía a casa muchos sábados hasta el lunes, Sus conversaciones con los familiares eran de ir a las misiones a buscarse el martirio, por Dios y por las almas. Decía: yo quisiera me dejasen en España mientras viviera mi padre, pero ante todo el martirio; yo no negaré la fe por nada de este mundo.
         Así era mi querido hijo Gregorio.
P.D. Vivió y murió como un santo. Su querido padre:
                            Hilario Escobar.

Dado en Estella a 29 de septiembre de 1948, día de S. Miguel Arcángel.


Carta de D. Jose María Sola  sobre Gregorio Escobar

Datos proporcionados por D. José María Sola Pbro., Párroco de Arguiñano.

NOTA: D. Serafín Arriaga Pbro. De Estella testifica que este, D. José Mª Sola, Párroco de Arguiñano (Navarra) fue durante dos años desde los 10 a los 12 que Escobar permaneció con sus padres en Estella, que entonces se hallaba en el Cabildo de la Parroquia de San Juan de Estella, fue su confesor y quien le encaminó a la Congregación de los Misioneros Oblatos. De él esta carta:


         Navarra.- Arguiñano 9 de Octubre de 1950

                            R. Hno. Angel Arnáez
                                      Pozuelo de Alarcón.
         Mi estimado Hno.: He recibido su carta firmada el 4 de corriente, preguntándome sobre el P. Gregorio Escobar, natural de Estella. a quien yo traté: Mucha satisfacción me ha causado su carta, porque no me ha sorprendido por algunas noticias que tenía. No es mucho lo que puedo darle, unas cartas que conservo como oro en paño, sobre todo después de su gloriosa muerte, pues, desde que marchó a Urnieta poco estuve con él. Comenzaré diciendo que conocí a Gregorio Escobar cuando yo era Capellán-Sacristán de la Parroquia de San Juan de Estella, en la que él servía como monaguillo juntamente con su hermano, mejor que él. Estaban siempre muy formales en la sacristía, sentados en un banco para lo que se necesitase. Me fijé en su formalidad y modestia y un día les dije en la sacristía: “¿Quisiérais estudiar?”. No me contestaron nada, ni yo les dije más. A los pocos días estando Gregorio solo en el mismo banco, le dije: “Gregorio, el otro día te dije, si querías estudiar y no me contestaste nada”. Entonces me replicó: “¿Y mis pobres padres...?”. Yo le contesté: “No te preocupes por eso, yo me encargaré”. Al día siguiente fue a su casa y le propuse a su madre si quería que le mandase a Urnieta al Colegio de los PP. Oblatos. Me dijo: “No puede ser que no nos ayude”. Le repliqué: “No se cuide de eso que yo le pondré el equipo que piden” y entonces se conformó. Antes yo había escrito al Colegio. Pronto le dispuse lo que pedían del Colegio y marchó Gregorio a Urnieta. Allí se distinguió por su buen talento y conducta y así fue apreciado por los Superiores. Por entonces estaba allí el P. Manuel Muñiz con quien me comuniqué alguna vez y me mandó facultad para imponer el Escapulario del Sagrado Corazón de Jesús y algunos escapularios. Aquí tiene el comienzo de su vida que había de terminar con el martirio. El se mostró agradecido, pues no se olvidó aún en los trances más peligrosos. Aquí copiaré el trozo de la carta que me escribió en la milicia, que más interesa, pues la anterior como no tenía tanta importancia, se conoce que la inutilicé...
         ...Hasta aquí la carta del P. Gregorio. Conservo el recordatorio de su Ordenación Sacerdotal. Es una fotografía de la Virgen del Puy y en el reverso, dice así: “Entre tus manos, Madre amantísima del Puy de Estella, pongo el Sacerdocio, que de las de tu Hijo he recibido”.
Gregorio Escobar García. Oblato de María Inmaculada. Recuerdo de tan fausto día. Pozuelo, 6-VI-1936. Imp. Fray Diego de Estella.
         Y no puedo decirle más. Seguramente que estas cartas tan edificantes pueden interesar a los estudiantes de ese Colegio. Yo he querido  guardarlas por contener afectos de tantas virtudes y como recurso del principio tan sencillo que tuvo una vocación que con la correspondencia a la gracia culminó en el martirio. Me satisface que no se olvidará en el Cielo de quien le puso el pie para escalarlo tan gloriosamente. Muchas vocaciones brotarían teniendo un poco de interés pero no han tenido quien les dijera una palabra o hiciera algún sacrificio. Aprovecho esta ocasión para ofrecerme, de V.R. afmo.
                                                        José María Sola, Pco.

Carta de sor Petra Franco, maestra de Gregorio Escobar

Como profesora que fui del P. Gregorio Escobar durante su permanencia en la clase de párvulos de este Colegio de H.H. de la Caridad de Santa Ana de Estella, diré:
Que era un niño ejemplar, calladito, aplicado, obediente respetuoso con las Hermanas y nada pendenciero.
Las lecciones siempre las daba bien, pero en todas ellas sobresalía el Catecismo, que siempre lo sabía muy bien.
         Cuando por la edad tuvo que salir del Colegio, siguió viniendo de monaguillo y daba el mismo ejemplo que de parvulito; siempre formal, exacto en la hora, a las 7 de la mañana, a pesar de las nieves y lluvias tan frecuentes durante el invierno, no faltaba ni un solo día.
Infundía devoción ver con qué cuidado hacía la genuflexión  y el respeto con que ayudaba al Santo Sacrificio: Por eso nada nos extrañó cuando dijo que quería ser religioso.
Aquí en el Colegio se conserva un grato recuerdo del que fue párvulo ejemplar y monaguillo modelo.
Hna. Petra Franco.

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