martes, 30 de abril de 2013

Engracia, testigo ocular superviviente


Engracia, en su cumple, acoge con gozo en su casa a un grupo de Oblatos.
Ver en Nosotros OMI, 26.06.2013:  http://www.nosotrosomi.org

Engracia es natural y vecina de Pozuelo. Acaba de cumplir sus 90 abriles ¡Enhorabuena, y que cumpla muchos más! Sigue con la mente lúcida, su perenne sonrisa y tan acogedora como siempre. Desde niña conoció a los Oblatos de Pozuelo y ha mantenido una estrecha relación con ellos, con quienes se sentía y se siente como en familia. También ellos la han sentido tan de casa, tan de la Familia Oblata, tanto a ella como a su esposo, Javier Negro, que han querido patentizar esa relación nombrando a ambos “Oblatos Honorarios”.
Engracia, con trece años de edad, fue testigo ocular de cómo los milicianos, al ocupar el convento, arrojaban a la calle las imágenes, ornamentos sagrados y otros objetos de culto para darlos en pasto a las llamas.
Recuerda perfectamente quiénes fueron los cabecillas de aquel vil allanamiento de morada y del subsiguiente encarcelamiento y ejecución de los Mártires. Da incluso los nombres (que omitimos, lógicamente, por discreción y caridad cristiana, siguiendo el ejemplo de los Mártires, que murieron perdonando). Léase a continuación su testimonio.



Engracia Menéndez Fernández

Testifica sobre el conjunto de los Siervos de Dios, a quienes conoció por razones de amistad y vecindad de su familia con la comunidad religiosa. Es de resaltar el testimonio que da del clima que se vivió en la localidad de Pozuelo de Alarcón.

Engracia, vecina de Pozuelo y cercana a la comunidad oblata, declara:

Desde niña he estado muy relacionada con toda la Comunidad de Oblatos desde el año 1929, que compraron la casa donde se ubicó y ubica el Seminario Mayor de los Oblatos. Mi padre era amigo del Padre Vicente Blanco y fue el que le comunicó que aquella casa estaba en venta. A través del Padre Vicente Blanco fue como mi familia entró en relación con toda la Comunidad. Yo he conocido personalmente al Padre Blanco, al Padre José Vega, al Padre Juan Antonio Pérez, al hermano Marcelino Sánchez, al que cariñosamente llamábamos “el Orejas”. Los sacerdotes venían a casa con cierta regularidad y también los estudiantes, que los acompañaban, y también teníamos trato por las muchas veces que íbamos al Convento. Yo en el año 1936 tenia 13 años de edad.

Familia de Cándido Castán y vivencia de la fe.

De Cándido Castán, fui compañera de colegio de su hija Teresa, que era dos o tres años mayor que yo. Muchas veces iba yo a su casa a hacer los deberes del colegio y en otras ocasiones era ella la que venía a la mía. Yo conocí al Siervo de Dios Cándido Castán personalmente; trabajaba como empleado en los Ferrocarriles españoles; yo creo que su puesto era un poco alto, aunque no puedo precisar qué era. Para mí era una buena persona, religiosa, puesto que yo misma lo veía los domingos en misa. Sobre si el ambiente familiar era religioso, ya he dicho que su hija iba conmigo al colegio que regentaban las religiosas de San José de Cluny.

Escolasticado oblato

De la época del Seminario Mayor de los Siervos de Dios Oblatos, lo que recuerdo es la confianza con que se trataban los padres formadores, el Padre Blanco, el Padre Vega, el Padre Pérez, confianza que era como si fuesen de la familia. También existía con los alumnos hasta el punto que le gastaban bromas a mi padre. Esa relación perduró también después de los acontecimientos de la Guerra Civil Española y, en consecuencia, con los que sobrevivieron a la persecución, y dura hasta nuestros días en la familia.

Dedicación a tareas pastorales y de formación.

A mí me consta que el Padre Vicente Blanco y los otros sacerdotes se dedicaban a su ministerio sacerdotal. Los alumnos, su dedicación era estudiar en el Convento, y recuerdo que salían los jueves de paseo todos juntos en grupos y que iban a dar catequesis a las parroquias del pueblo y de la estación. También ayudaban en las solemnidades de las parroquias. Esto lo sé porque yo lo he vivido.

Clima de hostilidad en Pozuelo

Cuando empezó la guerra en julio de 1936, hacía varios meses que las cosas estaban muy “calientes”. Recuerdo que mi padre decía “Esto se pone muy feo”. Llegó la festividad de la Virgen del Carmen, día 16 de julio. En la Misa de 12, que era la Misa Mayor, se plantaron los milicianos armados en la puerta de la iglesia. Salimos como pudimos de la Iglesia.
     Otro detalle que indica el ambiente que se vivía, es que al día siguiente, 17 de julio, los milicianos se “incautaron” de una jamonería con su finca y recuerdo haberlos visto por la calle con el pañuelo rojo, el fusil en una mano y el jamón en la otra.
     A los pocos días, oí en mi propia casa y en los comentarios de las gentes, que también habían incautado el Convento de los Oblatos y también que se habían llevado a unos cuantos, sin que ahora pueda precisar el número. Ese “llevar” significaba que los habían matado. También en comentarios de la gente, oí que se habían “llevado” a Cándido Castán, como se habían llevado a otras gentes del pueblo.

Convirtieron el Convento en cárcel y quemaron todo objeto religioso

     Cuando nos levantábamos por la mañana, oíamos los disparos de los francotiradores, que en el lenguaje coloquial eran conocidos como “los pacos”, debido al ruido especifico que hacían los fusiles al disparar. Recuerdo que mi padre estuvo detenido en dos ocasiones y llevado precisamente en ambas al Convento de los Oblatos que había sido convertido en prisión. La primera vez estuvo detenido 48 horas, y la segunda fue, más o menos, el mismo tiempo. Yo recuerdo haber ido a visitarle al Convento, aunque, como era niña, me quedaba fuera y lo veía a través de la ventana. Por esta razón, fui testigo presencial de cómo los milicianos quemaban en la calle libros, sotanas y objetos religiosos sacados del Convento.También puedo decir algunos de los nombres de los cabecillas que asaltaron el Convento.
     Por lo que yo pude vivir, aún siendo jovencita, tanto los padres Oblatos, como los estudiantes, no tenían ninguna significación política y nunca se dedicaron a cuestiones políticas. Su única misión era la de sacerdotes y la propia de seminaristas.
     En cuanto a Cándido Castán no sé que tuviese ninguna significación política, y tampoco puedo precisar los motivos de su detención, aunque supongo que sería también por motivos religiosos.
     Con relación a si los Oblatos pudieron evitar ser detenidos, yo creo que no, porque solamente el ver a los milicianos con los fusiles, y el tono amenazante que usaban, ya amedrentaban a uno.
Yo lo único que puedo decir es que un día, a los pocos de haber estallado la guerra, nos dijeron que se habían llevado a todos los Oblatos. Después de la guerra, a la vuelta, en noviembre de 1939, cuando volvieron al Convento (los supervivientes), nos contaron que habían estado refugiados en distintas casas de Madrid.

Causa de la muerte de los religiosos

También durante la misma guerra, oímos que habían matado a los Oblatos. La única causa por la que pudieron matarles es por ser religiosos y sacerdotes, ya que, como he declarado anteriormente, no tenían ninguna otra actividad, y a mi mismo padre lo detuvieron por ser católico. Sobre el lugar, un vecino mío dijo que los que habían sacado de Pozuelo y los habían matado junto al Cementerio de Aravaca, y de los otros, tengo oído que en Paracuellos del Jarama. Sobre Cándido Castán no sé ni oí nunca donde lo mataron.

Fama de martirio entre la gente de Pozuelo

Sobre la fama de martirio lo que puedo decir es que para toda mi familia, incluyéndome a mí, por supuesto, los Misioneros Oblatos fueron mártires porque entregaron su vida por Cristo. La gente también lo pensaba así y prueba de ello es que tienen una calle en Pozuelo. Ya he declarado anteriormente que mi relación con los Oblatos sigue siendo íntima y por lo mismo puedo decir que en la Congregación siempre los han tenido por mártires. Yo he visto durante muchos años la cruz que pusieron en su memoria dentro del recinto del Seminario, cruz que posteriormente fue sustituida por una lápida en el vestíbulo de la nueva casa.
     Yo misma me encomiendo a ellos y ya he dicho que mi opinión es que se trata de auténticos mártires, ya que el único motivo de su muerte fue ser religiosos.
     Sobre Cándido Castán, según mi opinión, también lo tengo por mártir, pues pienso que entregó su vida por Jesucristo. No sé cuál será la opinión de su familia, pues no he vuelto a tener relación con ellos. Hay un detalle que creo importante decir y es que, lo mismo que los mártires Oblatos tienen una calle, creo que Cándido Castán tiene otra calle en Pozuelo.
Sobre la práctica de la pobreza si que puedo decir que vi a los Siervos de Dios, tanto a los padres como a los estudiantes, con sotanas raídas y con un estilo de vida pobre.
     Yo desconozco gracias o favores especiales atribuidas a los Siervos de Dios, si bien puedo decir que a mí me va muy bien en la vida y lo considero como una gracia de Dios a través de los Mártires Oblatos.

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